
María Rosa Smith
Ambientalista, farmacéutica, Magíster en Salud Pública, Especialista en Farmacia Sanitaria y Legal.
Los plásticos ocupan un lugar central en la vida contemporánea. Su bajo costo, resistencia, liviandad y versatilidad explican su presencia en envases, textiles, productos de consumo, materiales industriales, dispositivos médicos y múltiples tecnologías de uso cotidiano.
Esa misma persistencia que los vuelve útiles también plantea un problema ambiental: cuando son descartados al ambiente o gestionados de manera inadecuada, muchos materiales plásticos permanecen durante largos períodos y atraviesan procesos de degradación física, química y biológica que pueden generar partículas cada vez más pequeñas e incorporarlas a distintos compartimentos ambientales. Mirarlos desde Una Salud permite entender a los microplásticos no solo como residuos dispersos, sino como posibles puntos de encuentro entre ambiente, contaminantes, microorganismos y prácticas sanitarias.
Salud ambiental y humana: exposición y efectos emergentes
La contaminación por plásticos y microplásticos plantea interrogantes que atraviesan la salud de los ecosistemas, la biodiversidad y la salud humana. No se trata solo de residuos persistentes, sino de materiales capaces de producir efectos físicos sobre la fauna, incorporarse a redes tróficas y constituir vías de exposición para las personas [1].
En ambientes acuáticos, los plásticos de mayor tamaño pueden afectar a los animales por enredamiento, atrapamiento, estrangulamiento, lesiones externas, dificultad para nadar o alimentarse, reducción de la movilidad y aumento de la vulnerabilidad frente a depredadores. Redes, líneas de pesca, bolsas, films, envases, anillos plásticos y otros residuos pueden comprometer a peces, tortugas, aves, mamíferos marinos y otros organismos. Estos efectos muestran que la contaminación plástica no es solo un problema químico o microscópico, sino también una amenaza física directa para la fauna.
Cuando esos materiales se fragmentan, los microplásticos pueden ser ingeridos por organismos de distintos niveles tróficos, desde plancton, invertebrados, moluscos y crustáceos hasta peces, aves y otros animales. Esa ingestión puede producir obstrucción, falsa saciedad, reducción de la alimentación, daño tisular o alteraciones en el crecimiento y la reproducción, según el tamaño, la forma, la concentración y el tipo de partícula.
La incorporación de microplásticos a las redes tróficas resulta especialmente relevante porque permite que estas partículas, junto con contaminantes adsorbidos o biofilms asociados —comunidades microbianas adheridas a una superficie y embebidas en una matriz extracelular— , pasen desde organismos pequeños hacia niveles superiores de la cadena alimentaria. Esto conecta la contaminación ambiental con la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la exposición humana.
Las personas pueden exponerse a microplásticos y nanoplásticos por distintas vías: ingestión de agua y alimentos, inhalación de partículas presentes en el aire y contacto con productos de uso cotidiano. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que la evaluación del riesgo debe considerar no solo las partículas plásticas en sí mismas, sino también los polímeros, monómeros, aditivos químicos, contaminantes adsorbidos sobre su superficie y biofilms asociados [1].
Los posibles efectos de los microplásticos sobre la salud humana aún se encuentran en estudio. Investigaciones experimentales y revisiones recientes los han asociado con inflamación, estrés oxidativo, alteraciones digestivas, respiratorias y reproductivas. La evidencia en humanos todavía es limitada y no permite establecer causalidad directa, aunque algunos hallazgos —como la detección de microplásticos y nanoplásticos en placas de ateroma carotídeas y su asociación con mayor riesgo cardiovascular— refuerzan la necesidad de seguir investigando su capacidad de ingresar, persistir o interactuar con tejidos humanos [1][2].
La posición más adecuada es reconocer que los microplásticos representan una preocupación sanitaria emergente, con evidencia suficiente para aplicar prevención, mejorar la investigación y reducir exposiciones evitables. Fauna marina atrapada en la contaminación plástica. Foto: Kev Gregory / Shutterstock.
Toxicidad, características y capacidad de transporte de los microplásticos
Para comprender la toxicidad de los microplásticos y su posible rol como transportadores de contaminantes, primero es necesario dejar de pensarlos simplemente como “plástico pequeño”. No son partículas homogéneas ni residuos inertes: su comportamiento ambiental y biológico depende de propiedades como tamaño, forma, composición polimérica, rugosidad, porosidad, carga superficial, hidrofobicidad, presencia de aditivos y grado de envejecimiento ambiental. [1,3]
Los microplásticos y nanoplásticos se originan, en gran medida, por la degradación progresiva de materiales plásticos mayores. La radiación ultravioleta, la oxidación, la abrasión mecánica, el calor, la hidrólisis y la acción biológica pueden debilitar el polímero, generar grietas, modificar su estructura y favorecer su fragmentación. A medida que este proceso avanza, el plástico puede transformarse en partículas cada vez más pequeñas, con mayor superficie relativa y mayor capacidad de interacción con el ambiente. [1,3]
Entre las variables más relevantes, el tamaño ocupa un lugar central: a menor tamaño, mayor superficie relativa, reactividad, movilidad y potencial de interacción con barreras biológicas. La forma también condiciona el comportamiento de la partícula: una fibra, un fragmento irregular, una película o una esfera pueden diferir en persistencia, movilidad y capacidad de daño físico. La composición polimérica define la química de superficie, la persistencia ambiental y la capacidad de liberar aditivos o adsorber contaminantes. [1,3]
Las propiedades de superficie completan este comportamiento. La rugosidad y la porosidad aumentan el área de contacto para la adhesión de microorganismos, materia orgánica y contaminantes; la carga superficial y la hidrofobicidad influyen en qué compuestos se adsorben con mayor facilidad. Además, algunos aditivos, como plastificantes, estabilizantes o retardantes de llama, pueden liberarse y contribuir a la toxicidad química asociada al plástico. El envejecimiento ambiental integra muchas de estas transformaciones, modificando la movilidad, persistencia y capacidad de interacción de las partículas. Por eso, la toxicidad potencial de los microplásticos no depende solo de su cantidad, sino también de sus características, del ambiente donde se encuentran y de las interacciones que pueden favorecer. [1,3]
Plastisfera y efecto vector: microplásticos como plataformas de interacción
En ambientes acuáticos, los microplásticos no se comportan como superficies inertes.
Sobre ellos puede formarse la llamada plastisfera: comunidades microbianas organizadas en biofilms, capaces de generar microambientes donde coexisten bacterias, contaminantes químicos, materia orgánica y genes de resistencia antimicrobiana. [4-7] La evidencia disponible muestra que los biofilms desarrollados sobre microplásticos pueden presentar una mayor abundancia relativa de genes de resistencia antimicrobiana. También se ha observado, en condiciones experimentales, que la transferencia horizontal de genes puede verse favorecida en comunidades bacterianas asociadas a microplásticos frente a bacterias de vida libre. Sin embargo, todavía está en investigación cuál es la magnitud real de esta vía en ambientes naturales y cuál es su contribución relativa a la resistencia antimicrobiana. [4-8]
Además de actuar como sustratos para biofilms, los microplásticos pueden interactuar con otros contaminantes. Su superficie puede adsorber fármacos, pesticidas, hidrocarburos, compuestos orgánicos persistentes y metales mediante distintos mecanismos fisicoquímicos. Dentro de los fármacos, los antibióticos adquieren especial relevancia sanitaria y ambiental por su relación con la presión selectiva y la resistencia antimicrobiana. Estas interacciones pueden modificar el destino ambiental de los contaminantes, afectando su movilidad, persistencia, degradación y distribución entre el agua, los sedimentos y los organismos. De este modo, los microplásticos pueden actuar como vectores o transportadores, desplazando contaminantes desde una matriz ambiental hacia otra o acercándolos a organismos que ingieren o entran en contacto con estas partículas. [3,10-12]
Esta capacidad adquiere especial relevancia en ambientes acuáticos y en matrices residuales o de origen antrópico, como efluentes hospitalarios, urbanos, industriales o agropecuarios. En estos escenarios pueden coexistir microplásticos, fármacos —incluidos antibióticos—, microorganismos resistentes, materia orgánica y genes de resistencia antimicrobiana, generando condiciones favorables para la interacción entre contaminantes químicos y biológicos. [6,12]
La convergencia entre partícula plástica, biofilm y contaminantes asociados permite entender a los microplásticos como plataformas de interacción más que como residuos aislados. En ellos pueden aproximarse componentes que habitualmente se estudian por separado: contaminantes químicos, comunidades microbianas, antibióticos y genes de resistencia. Por eso, su relevancia ambiental no depende solo de la presencia de la partícula, sino también de las interacciones que puede favorecer en determinados contextos. [3-12]
El sistema sanitario como nodo de convergencia
Desde la perspectiva Una Salud, el sistema sanitario puede entenderse desde una visión ampliada, que no se limita a los establecimientos asistenciales. Incluye prácticas de prevención, diagnóstico, tratamiento y cuidado, pero también entornos domiciliarios, producción veterinaria y agropecuaria, gestión de residuos y efluentes, e instancias de regulación, vigilancia e investigación.

Después de su uso, medicamentos, materiales plásticos, textiles, envases, descartables y restos de productos farmacéuticos siguen distintas rutas: residuos sólidos, efluentes líquidos, excretas, descarte domiciliario, lavado, escorrentía o lixiviación. Algunos son tratados adecuadamente; otros ingresan a circuitos menos controlados.
Esta circulación no depende de una única fuente. Los efluentes hospitalarios, domiciliarios, industriales, farmacéuticos y agropecuarios pueden aportar medicamentos, antibióticos, desinfectantes, productos de cuidado personal, textiles, envases, microplásticos, microorganismos, genes de resistencia y otros contaminantes. Estas sustancias pueden alcanzar el ambiente por efluentes, descartes, excretas, escorrentía, lixiviación o descargas hacia cuerpos de agua. [6,12,13]
Dentro de esta red, los efluentes hospitalarios pueden contener fármacos, metabolitos, desinfectantes, microorganismos resistentes, genes de resistencia, microplásticos y otros contaminantes emergentes. Aun cuando ingresan a plantas de tratamiento, varios de estos contaminantes pueden presentar remoción parcial o limitada mediante tecnologías convencionales. [6,12]
Los efluentes urbanos constituyen otra fuente relevante. En ellos confluyen residuos domiciliarios derivados de tratamientos farmacológicos ambulatorios o del descarte inadecuado de medicamentos, junto con productos de higiene personal, cosméticos, textiles y envases que pueden aportar microplásticos a la red cloacal. [12]
La industria farmacéutica puede aportar contaminantes asociados a procesos de producción, formulación o limpieza industrial, incluidos principios activos, excipientes, solventes, polímeros sintéticos y residuos de antibióticos. Aun cuando estos efluentes sean tratados antes de su vertido, la remoción de algunos contaminantes emergentes puede ser parcial, por lo que ciertos compuestos pueden persistir en concentraciones variables y alcanzar sistemas de tratamiento o cuerpos receptores. [13]
La actividad veterinaria y agropecuaria también puede contribuir a esta circulación. En sistemas productivos intensivos, los antibióticos veterinarios pueden alcanzar suelos y cuerpos de agua a través de excretas, estiércoles, escorrentía superficial o lixiviación. [14]
A esta trama se suma el plástico. Los sistemas sanitarios dependen de materiales plásticos por razones válidas —seguridad, esterilidad, bajo costo, practicidad y prevención de infecciones—, pero su uso masivo también expone la tensión entre seguridad sanitaria, generación de residuos y sostenibilidad ambiental.

Las plantas de tratamiento de aguas residuales ocupan una posición crítica dentro de esta problemática. La remoción suele ser incompleta para varios contaminantes emergentes mediante tecnologías convencionales. Además, pueden funcionar como puntos de concentración e interacción —hotspots— donde convergen microplásticos, antibióticos, otros fármacos, bacterias resistentes, genes de resistencia, materia orgánica y biofilms. [6,8-10,12]
También pueden existir vías directas de ingreso al ambiente hacia ríos, arroyos, lagos, sedimentos, aguas subterráneas o sistemas de acuicultura, especialmente cuando los efluentes, descartes o escorrentías no reciben tratamiento suficiente (figura 1). [6,12].
Cuando estos factores coinciden, la plastisfera adquiere relevancia sanitaria y ecológica como superficie de encuentro entre contaminantes químicos, comunidades microbianas y genes de resistencia antimicrobiana. Por ello, los microplásticos pueden considerarse potenciales vectores ambientales de contaminantes y determinantes de resistencia, aunque la magnitud real de esta vía y su impacto sanitario requieren mayor investigación. Este enfoque refuerza la necesidad de abordar la problemática desde una perspectiva Una Salud. [6,8-10,12]
Elaboración propia
Del diagnóstico a la acción
Frente a un problema complejo, las respuestas también deben ser integradas. Se requieren estrategias que conecten gestión sanitaria, vigilancia ambiental, uso racional de antimicrobianos, tratamiento de efluentes, compras institucionales, gestión de residuos e investigación aplicada. Dentro del sistema sanitario, fortalecer los programas de uso racional de antimicrobianos es una línea de acción clave. Además de su impacto clínico, pueden contribuir a reducir la carga ambiental de antibióticos que llega a los efluentes.
También resulta necesario mejorar la gestión de medicamentos vencidos, sobrantes o descartados mediante circuitos de devolución, trazabilidad, segregación y disposición final adecuada, tanto en hospitales como en la industria y los hogares.
Otra dimensión relevante es revisar el uso de materiales plásticos en los sistemas sanitarios: identificar descartes evitables, compras sobredimensionadas, envases innecesarios y oportunidades de sustitución segura cuando existan alternativas técnicamente viables.
El control de efluentes hospitalarios y sanitarios también forma parte de esta agenda.
Su caracterización permite identificar sustancias prioritarias, servicios de mayor impacto, momentos críticos y oportunidades de reducción en origen o tratamiento específico.
Las políticas de compras sostenibles y la capacitación del personal son herramientas complementarias. Comprar mejor permite prevenir residuos desde el inicio del circuito; capacitar equipos permite llevar a la práctica las medidas previamente definidas.
A estas acciones se suma la necesidad de promover investigación aplicada en condiciones reales. Los sistemas sanitarios pueden convertirse en espacios estratégicos de generación de conocimiento para orientar políticas públicas.
Lo que descartamos también forma parte de la salud
Los microplásticos nos obligan a ampliar la discusión sobre cómo producimos, usamos y descartamos materiales que luego siguen circulando en el ambiente. Los sistemas sanitarios tienen un papel clave en esta discusión: son grandes consumidores, espacios de cuidado y ámbitos estratégicos para medir impactos, investigar y desarrollar soluciones más seguras y sostenibles. Desde el enfoque Una Salud, cuidar la salud implica también revisar las huellas que dejan las prácticas sanitarias sobre los ecosistemas que sostienen la vida.
Los microplásticos funcionan como una advertencia concreta: lo que descartamos no desaparece; circula, se transforma y puede volver a nosotros bajo nuevas formas. Por eso, reducir lo evitable, mejorar procesos e investigar mejor también son formas de cuidar la salud.
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